Cuba vota nuevo código que permitiría matrimonio igualitario

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Un hombre saluda a un escolar despus de emitir su voto en un colegio electoral durante el referndum sobre el nuevo Cdigo de Familia en La Habana, Cuba, el domingo 25 de septiembre de 2022. (Foto AP/Ramn Espinosa)

HAVANA – Los cubanos aprobaron el nuevo Código de las Familias en un referendo que abre las puertas al matrimonio igualitario, la adopción por parte de parejas del mismo sexo y que redefine los derechos de los niños y los abuelos, informaron las autoridades, aunque el porcentaje de rechazo fue inusualmente fuerte.

La presidenta del Consejo Electoral Nacional, Alina Balseiro Gutiérrez, informó que según los resultados preliminares un 66,87% de los votos válidos -3.936.790- dijo que “Sí” a la nueva legislación mientras que un 33,13% -1.900.090- votó que “No”. Refirió que acudieron a las urnas el 74% de los poco más de ocho millones de isleños convocados en la jornada.

Se trata de una nueva norma de más de 400 artículos que toca por primera vez el tema de los derechos de las parejas homosexuales y la adopción, lo que ha generado polémica entre los cubanos. También contiene otros puntos novedosos como la legalización de la “gestación solidaria” -que permitiría a una mujer tener un hijo para otra persona sin fines de lucro-, la ampliación de los derechos de los abuelos para garantizar su comunicación o entregarles la “responsabilidad parental” de sus nietos, algo considerado vital en Cuba donde suelen convivir en un mismo hogar hasta cuatro generaciones y la emigración hace que muchos menores sean criados por los ancianos.

El referendo se desarrolló en medio de la más profunda crisis económica en décadas en la nación comunista, donde la principal preocupación diaria entre sus más de 11 millones de habitantes es sortear la escasez de alimentos y medicamentos, además de los apagones cada vez más constantes.

En un mensaje por vídeo a los cubanos divulgado por la prensa oficial el lunes, el presidente Miguel Díaz-Canel celebró la aprobación de la medida y dijo que “ha sido una victoria de los afectos... del amor”.

“Hoy podemos decir que sentimos satisfacción por la participación alcanzada a pesar del contexto de difícil situación económica, energética, movimientos migratorios y discrepancias comprensibles”, señaló. “Aprobar el Código de las Familias es hacer justicia, es saldar una deuda con varias generaciones de cubanas y cubanos cuyo proyecto de familia llevan esperando por esta ley. A partir de hoy seremos una nación mejor”.

La iniciativa define el matrimonio como la unión voluntariamente concertada de “dos personas” y no “entre un hombre y una mujer”, como establece la norma vigente de 1975, lo que abre las puertas a la unión entre personas del mismo sexo, un tema controversial y sensible en una sociedad considerada machista y en un país donde en los primeros años de la Revolución los homosexuales fueron frecuentemente detenidos y enviados a campos de trabajo para su “rehabilitación”.

Miguel Alberto Galindo, de 64 años y quien tiene un pequeño puesto en el mercado en La Habana, sufragó a primera hora y afirmó que dio su voto de respaldo. “El voto por el ‘Sí’ es un voto por la patria. El código atiende a todas las familias y es hora de que los homosexuales tengan los mismos derechos que los demás”, señaló.

Pero Alejandro Rodríguez, de 33 años y quien trabaja en una ferretería, votó por el “No”, porque “algunas cosas del código son buenas, pero otras son malas y creo que la mayoría de la gente no votará”.

Explicó que no está de acuerdo con que los homosexuales tengan los mismos derechos de las familias “normales” y la patria potestad de los niños.

La comunidad LGBT en Cuba apoya el nuevo código, al igual que figuras como Mariela Castro -hija del expresidente Raúl Castro y sobrina de Fidel-, quien respalda los derechos de las parejas del mismo sexo-

La legislación propuesta también genera preocupación y es resistida por el conservadurismo social en Cuba, donde las iglesias evangélicas han estado creciendo. Varios líderes religiosos han expresado su preocupación de que pueda debilitar al núcleo familiar tradicional.