CARACAS (AP) — Un vuelo con 231 migrantes venezolanos deportados desde la ciudad estadounidense de Phoenix arribó el viernes a Caracas, casi dos semanas después de que Estados Unidos capturara al depuesto presidente Nicolás Maduro y lo llevara a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.
El avión de la empresa Eastern Airlines llegó al aeropuerto internacional Simón Bolívar, a unos 20 kilómetros al norte de Caracas, en lo que representó la reanudación de los vuelos luego que Washington —según las autoridades venezolanas— suspendió de manera “unilateral” a mediados de diciembre los traslados aéreos directos de deportados.
El anterior vuelo directo desde Estados Unidos fue el 10 de diciembre.
Los vuelos de retorno de migrantes deportados se habían regularizado desde fines de marzo como parte de los traslados acordados por ambos gobiernos. En ocasiones había incluso varios por día y semanalmente dos llegaban directamente a Caracas operados por un contratista del gobierno de Estados Unidos.
Los traslados fueron afectados sucesivamente en medio de las tensiones acrecentadas desde el despliegue desde septiembre de fuerzas militares estadounidenses que han ejecutado una serie de ataques mortales contra botes sospechosos de contrabandear drogas en aguas internacionales del Caribe y del océano Pacífico, incluidas varias embarcaciones que, afirman, partieron de Venezuela.
Maduro en todo momento sostuvo que Trump podría ordenar una acción militar para intentar derrocarlo.
La llegada del vuelo se produjo 13 días después que Maduro fue capturado junto a su esposa, Cilia Flores durante una intervención militar en Caracas. Posteriormente, fue trasladado a territorio estadounidense, donde ambos comparecieron el 5 de enero ante un tribunal de Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo. Se declararon inocentes.
Días después del derrocamiento del dirigente socialista, la presidenta encargada y estrecha aliada de Maduro, Delcy Rodríguez, invitó a Trump a “colaborar” en distintas áreas y le dijo que desea tener “relaciones respetuosas”, en un tono sorprendentemente más conciliador que en sus posiciones previas.
Los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos, en tanto, anunciaron la semana pasada que evaluarán la posibilidad de reabrir sus embajadas en ambos países y restablecer las relaciones diplomáticas rotas desde 2019.
En tanto, el ministro de Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, indicó sobre el ataque estadounidense que 47 miembros de la Fuerza Armada de Venezuela, entre ellos nueve mujeres, fallecieron durante el ataque estadounidense.
El ministro señaló que se contabilizan 83 fallecidos, incluidos los 32 agentes militares y policiales cubanos reportados por La Habana, en un acto de condecoración del personal militar y civil que participó en la “defensa de la patria”. Padrino López no dio detalles de los cuatro fallecidos restantes incluidos en su actualización de cifras de muertos.
Anteriormente el Ejército había indicado que al menos 24 elementos de seguridad venezolanos murieron durante el ataque estadounidense.
Las autoridades venezolanas señalaron el martes pasado que la demora para ofrecer una cifra total de muertos es consecuencia que algunos cuerpos quedaron fragmentados “de tal manera que es imposible” tener una identificación plena sin el debido análisis de varios organismos policiales y científicos.
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