BOGOTÁ (AP) — El expresidente colombiano Gustavo Petro informó el martes que denunció ante la Corte Penal Internacional a su sucesor Abelardo de la Espriella por presunta persecución política.
Petro, opositor a De la Espriella, indicó en la red social X que la denuncia fue interpuesta ante la CPI antes de entregar el cargo como presidente el 7 de agosto, sin especificar la fecha.
“Bajo mis derechos como presidente y bajo la ley colombiana que es el Estatuto de Roma, la denuncia se interpuso en la Corte Penal Internacional”, señaló Petro.
Colombia es uno de los Estados firmantes del tratado conocido como el Estatuto de Roma que estableció la Corte Penal Internacional, el tribunal penal con sede en La Haya.
Petro señaló a De la Espriella como presunto responsable de la “persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos”, lo que configura un crimen de lesa humanidad, según el Estatuto de Roma.
La oficina de prensa del presidente De la Espriella no respondió de inmediato a The Associated Press al ser consultada sobre la denuncia ante la CPI.
Al mismo tiempo, el expresidente denunció los recientes asesinatos de María Ovidia Palechor y James Flor, líderes sociales del convulso departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia. La estatal Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas también lamentó los homicidios.
Petro señaló que ambos eran militantes de su partido progresista, Pacto Histórico, y responsabilizó de cometerlos al “nuevo paramilitarismo”.
Los grupos paramilitares en Colombia, creados para combatir a las guerrillas de izquierda, se desmovilizaron entre 2003 y 2005 en un proceso de paz con el Estado en el que se sometieron a una justicia especial que incluyó rebajas en sus penas.
Sin embargo, persisten grupos ilegales de herencia paramilitar como el cártel Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra.
Petro, exmilitante de una guerrilla en su juventud, ha insistido en que su sucesor representa la llegada del “fascismo” a Colombia y ha llamado a los movimientos sociales a organizarse y conformar una “milicia popular” para defenderse.
De la Espriella enfrentó críticas durante la campaña por declararse enemigo de los “señores de la izquierda” a quienes había que “destriparlos”. Luego matizó su discurso diciendo que se refería a una confrontación ideológica en el “marco de la ley” y, tras posesionarse, aseguró que respetaría a la oposición.
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