BOGOTÁ (AP) — Los colombianos elegirán el domingo a quien dirigirá al país durante los próximos cuatro años en una reñida segunda vuelta presidencial entre la continuidad política que representa el progresista Iván Cepeda o el giro conservador que promete Abelardo de la Espriella.
“En este momento me preocupa la polarización que existe entre nosotros: hay dos bandos muy extremos y la violencia me preocupa”, dijo el abogado John Manrique desde el centro de Bogotá a The Associated Press. “Espero que la gente acepte que ganó el que ganó, no importa el bando, y procuremos llegar a un consenso social”, agregó.
Ambos candidatos prometen a su electorado mejores condiciones de vida y advierten que su contrario traería pobreza o más violencia a un país que ha sobrellevado décadas de conflicto armado interno y que aún lidia con ilegales pese a que hace una década firmó un histórico acuerdo de paz con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
“Hay unos niveles de polarización extremadamente altos y fueron evidentes en la primera vuelta”, indicó Glaeldys González, analista del International Crisis Group para los Andes, quien consideró que el electorado busca en esos dos polos una “solución real” a la violencia, el acceso a la salud, la lucha contra la corrupción y el fin de los problemas financieros.
El abogado De la Espriella, un outsider que nunca se había medido en las urnas, se convirtió en la sorpresa de la primera vuelta que terminó liderando con el 43,73% de los votos. Se apoda “El Tigre” y dice que con esa ferocidad irá contra los “narcoterroristas” y construirá mega cárceles como las del presidente salvadoreño Nayib Bukele, con quien simpatiza. Ciudadano colombo-estadounidense, recibió el apoyo de Donald Trump.
Mientras que Cepeda, filósofo y exmiembro de las bases del Partido Comunista en su juventud, logró el 40,91 % de la votación y promete que profundizará la agenda política del presidente Gustavo Petro, su aliado político, incluyendo las ambiciosas reformas sociales y dejando la puerta abierta para continuar los diálogos de paz con grupos armados ilegales, una política de Petro que ha sido cuestionada y que el jueves vio desarmar a los primeros 100 ilegales.
Yamile Guevara, una docente pensionada, consideró que los cambios que busca Petro requieren más tiempo para concretarse y criticó lo que, según ella, es la desconfianza perenne hacia la izquierda que ha sido marginalizada luego de lidiar por décadas con el conflicto, especialmente cuando De la Espriella busca salvar al país de la “izquierda radical”.
“El lado de la izquierda siempre lo han mirado como algo negativo, ha sido duro y mucha gente ha muerto. Entonces uno dice ‘¿qué le pasa a la gente que olvidó la historia... cómo no piensan bien de qué candidato se va a elegir?’", dijo Guevara a AP en Bogotá.
El fantasma del "fraude"
La segunda vuelta ha atizado los ataques mutuos entre los candidatos, denuncias de compra de votos y de posible fraude, especialmente luego de que Petro no reconociera el conteo preliminar que realizó la Registraduría el día de la votación. Cepeda lo admitió días después con el escrutinio realizado por jueces y con fuerza legal.
En un ambiente crispado, la estatal Defensoría del Pueblo instó a los candidatos, al presidente y a los líderes políticos a promover mensajes de confianza en las instituciones, desincentivar la violencia y evitar afirmaciones de posibles fraudes sin sustento suficiente.
González aseguró que en Crisis Group ven con “preocupación” posibles brotes de violencia postelectoral, pero consideró que las instituciones nacionales y los observadores internacionales van a ser clave en tratar de frenar esas posturas.
Cepeda denunció penalmente ante la fiscalía colombiana y la Corte Penal Internacional a De la Espriella por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares. De la Espriella negó cualquier relación con los ilegales.
Del lado del conservador hay preocupación por eventuales manifestaciones en caso de que pierda Cepeda, especialmente luego de que Carlos Carrillo, un exfuncionario del gobierno Petro, sugiriera que el país se podría “incendiar”.
“No se dejen utilizar”, respondió De la Espriella en un comunicado dirigido a los jóvenes que suelen ser quienes más salen a protestar.
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