SALVADOR, Brasil (AP) — El día en que iban a matarlo, Evilásio Santos da Silveira Júnior, de 33 años, le dijo a su hermana que iba a hacer compras al supermercado en la ciudad de Salvador, en el norte de Brasil, donde la línea entre el fuego cruzado de bandas rivales del narcotráfico y la letalidad policial se ha ido desdibujando cada vez más. Pero nunca volvió a casa.
Su muerte y las preguntas que la rodean condensan un gran obstáculo para que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva venza al senador Flávio Bolsonaro en las elecciones nacionales de octubre.
El aumento de la violencia y las críticas a la respuesta del gobierno podrían afectar a Lula en su estado bastión, donde obtuvo el 72% de los votos en la segunda vuelta de 2022 frente al entonces presidente Jair Bolsonaro.
El presidente, de 80 años, necesita mantener una amplia ventaja entre los 11 millones de baianos —como se llama a los residentes del estado— para derrotar al hijo de su predecesor, el senador Flávio Bolsonaro. El exsindicalista aparece en las encuestas por debajo de sus resultados de hace cuatro años en Bahía, y la seguridad pública aparece como la razón principal.
Aun así, la campaña del presidente confía en el atractivo de sus programas sociales emblemáticos entre los baianos para volver a ganar por un margen amplio.
Preguntas en torno al asesinato de Júnior
Nacido y criado en la colorida capital de Bahía, Júnior murió tras desangrarse durante horas en una casa abandonada de una favela, con un disparo que le atravesó la arteria braquial, cerca de la axila.
Agentes de la policía del estado de Bahía presentes en el lugar afirmaron que quedó atrapado en un tiroteo entre facciones rivales y sospechan que estaba implicado. Su familia sostuvo que no tenía vínculos con bandas y que, en cambio, fue asesinado al azar por fuerzas estatales durante una redada sorpresa no provocada.
“Mi confianza hoy está solo en Dios, en mis oraciones... No puedo decir que me sienta protegida (por la policía)", dijo Magnólia Nascimento, hermana de Júnior. "Me duele decirlo, pero muchas veces, al final, ellos son los criminales”. Añadió que espera que el próximo presidente mejore la seguridad pública y frene la expansión de las bandas, como han prometido Lula y el senador Bolsonaro.
Tanto los policías entrevistados por The Associated Press como la familia de Júnior coinciden en que su estado, Bahía, nunca había sido tan violento: cinco de las 10 ciudades más mortíferas del país están allí, según la organización sin fines de lucro Foro Brasileño de Seguridad Pública. Salvador es la capital estatal más mortífera del país, con casi 53 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, de acuerdo con los datos más recientes de 2024.
Algunos votantes culpan a la migración de bandas criminales nacionales hacia Bahía. Otros apuntan al Partido de los Trabajadores de Lula, que gobierna el estado —y, por lo tanto, a la policía local— desde 2006. Sostienen que no han logrado que la policía sea menos letal ni detener el flujo de drogas y armas, y que no han invertido lo suficiente en educación.
Lula ha intentado reforzar sus credenciales en materia de seguridad con la promesa de crear un ministerio de seguridad pública y dedicar más recursos federales a combatir la violencia si es reelegido.
El senador Bolsonaro ha hecho campaña con una postura de mano dura contra el crimen, incluida la construcción de enormes prisiones en todo el país inspiradas en el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, aunque no ha abordado directamente la violencia en Bahía.
Al ser consultado sobre la crisis de violencia en su bastión en una entrevista periodística el 31 de agosto, un día después de que mataran a Júnior, Lula respondió: “No sean injustos con Bahía”.
“Ningún gobernador ha resuelto la situación de la seguridad pública”, agregó Lula.
Las muertes violentas ya forman parte de la vida en Bahía
Los baianos presencian tragedias como la de Júnior a diario a través de populares programas de noticias afines a la policía local, que muestran escenas sangrientas de crímenes, detenciones y videos de tiroteos. Los presentadores y reporteros a menudo se burlan de los activistas de derechos humanos, a quienes retratan como indulgentes con el delito. Uno es famoso por tocar una armónica para celebrar muertes a manos de la policía.
El Comando Vermelho, con base en Río de Janeiro, domina las zonas más pobres de Bahía con grafitis de “CV”, sus iniciales en portugués, y se enfrenta a su principal rival, el Bando de Malucos, una banda local vinculada al mayor sindicato criminal de Brasil, el Primer Comando de la Capital (PCC).
El gobierno de Trump designó a estos grupos como organizaciones terroristas a principios de este año, una medida que Lula criticó por considerarla una interferencia electoral destinada a impulsar al senador Bolsonaro. Analistas señalan que estas bandas pasaron la última década expandiéndose hacia Bahía para aprovechar lucrativos mercados de exportación de drogas en Europa y Asia, a medida que Brasil desarrolló más puertos y aeropuertos.
“Todo estado que se convierte en un puesto comercial estratégico para el tráfico queda desgarrado por el crimen organizado. Por eso se ven esos estados con cifras de violencia en aumento”, explicó Maria Isabel Couto, directora de datos y transparencia de Fogo Cruzado, una organización sin fines de lucro que monitorea la violencia en Brasil.
“Eso no significa que sean estados violentos; son golpeados por esos grupos y también por la reacción de la policía en muchos casos”, apuntó.
Lula lidera con la asistencia social, pero a sus partidarios les preocupa la violencia
Lula o sus aliados han ganado todas las elecciones en el estado desde 2002.
En 2022, Lula obtuvo más de 6 millones de votos en Bahía, frente a los 2,3 millones de Jair Bolsonaro, una victoria impulsada por el recuerdo de sus programas sociales. Ese resultado fue vital para su ajustada victoria nacional por 2,1 millones de votos.
Desde entonces, Lula ha ampliado la asistencia social en Bahía, incluido su programa emblemático Bolsa Família, aumentando los beneficios de 58.000 millones de reales (11.300 millones de dólares) bajo Bolsonaro en 2022 a 87.200 millones de reales (17.000 millones de dólares) el año pasado, según cifras del gobierno. Esta semana incrementó los beneficios de la iniciativa en un 15%, una medida que algunos críticos dijeron que busca elevar su popularidad antes de las elecciones.
Sin embargo, el aumento del crimen ha generado tensión política.
La profesora de educación física Tiali Doria, una firme partidaria de Lula, observa que los votantes más pobres ahora esperan estrategias claras de seguridad pública, en particular para abordar la violencia policial.
“En las regiones más pobres, la policía te pone contra la pared, no te dice buenas noches, no te pregunta quién eres y te trata como sospechoso”, comentó Doria tras un mitin de Lula en el centro, cerca de puntos críticos del narcotráfico.
El senador Bolsonaro, en cambio, casi no ha hecho campaña en la ciudad. Más que conquistar a los votantes de Lula, la clave podría ser la participación. Algunos baianos necesitan buenas razones para salir de casa en la primera vuelta el 4 de octubre —y, posiblemente, en una segunda vuelta el 25 de octubre— para votar otra vez por el presidente.
“Voté por Lula la última vez, pero ahora no estoy convencida”, comentó Jane Souza, dueña de un puesto de comida en el centro histórico de Salvador, que mencionó tanto la violencia como la economía.
“Pero creo que Flávio Bolsonaro sólo quiere sacar a su padre de la cárcel”, añadió.
Algunos partidarios de Lula se mantienen fieles
Aun así, muchos simpatizantes de Lula se niegan a asociar el aumento de la violencia con el veterano líder. Una de ellos es la hermana de Júnior.
Nascimento, que recibe pagos de Bolsa Família de unos 116 dólares al mes, hizo un curso patrocinado por el gobierno para convertirse en enfermera. Por otra iniciativa gubernamental, por fin está obteniendo su licencia de conducir.
“Estoy usando los recursos de mi gobierno para poder levantarme”, afirmó Nascimento. “Voto por Lula porque voto por Lula”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
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