Equipos de rescate en Venezuela se aferran a la esperanza; EEUU rechaza críticas a Rodríguez

CATIA LA MAR, Venezuela (AP) — El hedor de cuerpos en descomposición se extendía el jueves por las calles de edificios arrasados, al tiempo que las misiones de rescate para encontrar sobrevivientes de los devastadores sismos de Venezuela se orientaban cada vez más a la recuperación de cadáveres.

Desesperados por obtener buenas noticias, trabajadores de emergencia venezolanos e internacionales celebraron el rescate casi milagroso de un guardia de seguridad de 43 años, hallado con vida después de casi ocho días bajo los escombros. Fueron cinco días más del umbral crítico de 72 horas tras un sismo, cuando los expertos dicen que es más probable encontrar sobrevivientes.

Las televisoras nacionales repitieron durante todo el día las imágenes del exuberante momento en que fue extraído de un centro comercial derrumbado y colocado en una camilla mientras multitudes —incluidos rescatistas de 10 países— se abrazaban y vitoreaban. Atrapado en una bolsa de aire bajo el concreto, Hernán Alberto Gil Flores sobrevivió con el agua y los alimentos que los rescatistas lograron pasarle a través de las grietas.

Pero en otras partes del estado de La Guaira, el más afectado y en el que miles de personas siguen desaparecidas, se instalaba un aire de desesperanza. La ciudad portuaria de Catia La Mar bullía de funcionarios que trasladaban bolsas para cadáveres y apilaban ataúdes. A lo largo del día, curiosos se agolparon alrededor de equipos internacionales de rescate mientras estos examinaban edificios derrumbados en respuesta a avisos sobre posibles sobrevivientes, y se retiraban desanimados cuando los sensores sísmicos del equipo no detectaban señales de vida.

El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, cuya respuesta al sismo ha sido calificada ampliamente de ser lenta y desorganizada, informó que al menos 2.295 personas murieron debido a los terremotos y más de 11.000 resultaron heridas.

Miles de personas duermen en refugios abarrotados o al aire libre, ante lo cual los médicos han expresado su preocupación de que las secuelas puedan allanar el camino hacia una creciente crisis médica de lesiones sin tratar y enfermedades infecciosas, en un sistema de salud que ya de antemano se encontraba ampliamente rebasado.

Deportado de EEUU murió en el sismo

Horas antes de que los dos terremotos azotaran el país el 24 de junio, Daniel Alejandro Núñez Ramírez, de 28 años, aterrizó en Caracas en un vuelo de deportación de más de un centenar de venezolanos expulsados de Estados Unidos. Fue un regreso a casa cargado de tensión para Núñez Ramírez, quien solicitó asilo en territorio estadounidense después de arribar en 2022 y desarrolló su vida en Florida antes de que en mayo fuera puesto bajo custodia de las autoridades migratorias.

Desde el aeropuerto, Núñez Ramírez y sus compañeros deportados fueron trasladados a un hotel en La Guaira que parecía una prisión, le dijo a su madre, Oswadeliz Núñez, en una breve llamada telefónica.

“Ahí yo me entero que mi hijo llegó... que tenía un número, que tiene un brazalete, que está como preso, que lo cargaban esposado", declaró Oswadeliz Núñez a The Associated Press.

Unos treinta minutos después de que colgaron, el edificio del hotel comenzó a sacudirse. La mayoría de los deportados venezolanos quedaron sepultados bajo los escombros. El lunes, Oswadeliz Núñez recibió una llamada para pedirle que recogiera los restos de su hijo en una morgue de La Guaira.

"Mi hijo no era un criminal. ¿Por qué ellos tratan como delincuentes a personas que no tenían antecedentes penales?”, preguntó.

Si su hijo hubiera regresado con ella a Caracas, en lugar de ser enviado al centro de retención en La Guaira, quizá aún estaría vivo, expresó, sosteniendo una caja roja con sus cenizas. “Quiero que esta muerte no quede impune”.

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos indicó que le entregó la responsabilidad de los deportados al gobierno venezolano después de que el vuelo aterrizó sin incidentes.

Incertidumbre sobre el futuro del liderazgo de Rodríguez

Ante las quejas de que los equipos extranjeros y los civiles han asumido la mayor parte de las labores de rescate, Rodríguez procuró defender la respuesta del gobierno, un día antes de que venza la prórroga de su mandato de 180 días en el cargo de presidenta encargada. Rodríguez fue vicepresidenta del exmandatario Nicolás Maduro hasta que Estados Unidos lo derrocó en enero. Ella se convirtió en mandataria encargada, con el respaldo del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump.

La escasa transparencia de las autoridades venezolanas impide prever qué ocurrirá una vez que venza el plazo el viernes.

Según la Constitución de Venezuela, las ausencias temporales de un mandatario deben ser cubiertas por el vicepresidente hasta por 90 días. La Asamblea Nacional puede prorrogar estos nombramientos interinos por 90 días más.

La presidenta encargada cuenta con un fuerte respaldo de legisladores y del gobierno de Trump. La Asamblea Nacional, controlada por el partido de Rodríguez, puede convocar a elecciones anticipadas si los legisladores declaran el cargo permanentemente vacante.

Apoyo de EEUU a un gobierno bajo fuego

Desde que Estados Unidos capturó a Maduro, el gobierno de Trump ha ampliado su papel en los asuntos venezolanos. Esto representa un cambio sísmico en las relaciones entre ambas naciones, cuyas relaciones llevan años bajo intensa fricción.

Washington ha respaldado a Rodríguez, y en gran medida le ha dado la espalda a la líder opositora María Corina Machado —ganadora del Premio Nobel de la Paz—, quien esta semana acusó al gobierno de Rodríguez de impedirle regresar al país. La Casa Blanca también ha procurado reconstruir la lucrativa industria energética venezolana, y ha abierto la puerta para que PDVSA, la empresa estatal petrolera de Venezuela, venda combustible a compañías estadounidenses.

John M. Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, indicó el miércoles que los ingresos de la producción petrolera venezolana, controlados por el Departamento del Tesoro estadounidense desde que Maduro fue capturado, también se están poniendo a disposición para las labores de ayuda.

Si bien Washington ha comprometido más de 300 millones de dólares en asistencia para la respuesta, equipos de los Departamentos de Estado y del Tesoro trabajan “para asegurarse de que esos fondos estén disponibles para este esfuerzo específico de reconstrucción, lo que incluye refugio, saneamiento, salud y generación de energía”, expresó Barrett. Dijo también que la producción de petróleo y gas de Venezuela no se vio afectada directamente por los sismos, y recalcó que sigue aumentando.

La supervisión de hacia dónde fluye ese dinero es crucial, expresó Laura Cristina Dib, directora del programa de Venezuela en la Washington Office on Latin America, una organización independiente de derechos humanos.

Incluso antes de los sismos, era difícil rastrear cómo se gastaban los ingresos petroleros incautados, señaló, y añadió: “Hay muchas interrogantes de transparencia que persisten sobre el uso de ese fondo en un momento en que los venezolanos realmente necesitan que ese dinero se use para la protección de los venezolanos”.

Cuando se les preguntó sobre las crecientes críticas a las labores de ayuda del gobierno venezolano, funcionarios estadounidenses han sido explícitos en su respaldo a Rodríguez.

“Lo que puedo decir con confianza es que las autoridades locales han cumplido plenamente con nuestras solicitudes y han acelerado esta enorme respuesta humanitaria”, manifestó Barrett.

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Janetsky reportó desde Ciudad de México. Los periodistas de The Associated Press Ben Finley en Washington D.C., Gabriela Aoun Angueira en San Diego, Gisela Salomon en Miami e Isabel DeBre en Buenos Aires contribuyeron a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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